Mujeres en el metal estatal I

HUBO UN TIEMPO EN EL QUE EL HEAVY METAL ESTATAL PARECÍA TENER UN ÚNICO ROSTRO. Guitarras, amplificadores, cuero, tachuelas y escenarios ocupados casi siempre por hombres. Pero mientras la escena crecía en los locales, en los barrios y en los primeros grandes festivales, hubo mujeres que se colgaron una guitarra, se colocaron detrás de un micrófono, agarraron un bajo o se sentaron frente a una batería y decidieron que aquel también era su lugar. Algunas llegaron desde el rock, el progresivo o la psicodelia. Otras entraron directamente en el heavy y el hard rock. Algunas consiguieron discos, escenarios y reconocimiento; otras dejaron apenas una maqueta, un single o el recuerdo de quienes estuvieron allí. Muchas desaparecieron de la memoria colectiva demasiado pronto. Esta es la historia de algunas de ellas. De Azuzena y Santa, de Pléyade, de Evo, de Belladona, de Marilu, de Lupe Villar, de Joana Amaro, de Ángeles Lago y de tantas otras que hicieron ruido cuando todavía había quien pensaba que una mujer sobre un escenario de metal era una excepción. No llegaron después. Ellas ya estaban allí.
Santa no fue simplemente una banda con una cantante mujer. Azuzena tenía presencia, personalidad y una voz perfectamente reconocible dentro de aquella escena. En un ambiente profundamente masculinizado, consiguió algo que hoy puede parecernos evidente pero que entonces no lo era: convertirse en una figura propia del heavy español.
Su historia también sirve para entender la cara menos amable de aquella época. Azuzena falleció en 2005 y durante años su nombre quedó relegado a la memoria de quienes habían vivido aquella escena. Precisamente por eso su recuperación resulta tan importante.
Pero Madrid no estaba sola.
Barcelona también hacía ruido
En Barcelona, en 1981, aparecía **Evo**.
Y aquí encontramos otro nombre fundamental: **Carmen García Díez**, vocalista de la primera formación de la banda. Evo nació en el barrio de El Clot y se movió directamente por el territorio del heavy metal. Su presencia no fue testimonial: el grupo terminaría publicando *Animal de ciudad* en 1983 y *Duración de lo eterno* en 1985.
Carmen, además, es hermana de Manolo García, una circunstancia que probablemente haya ayudado a que su nombre reaparezca ocasionalmente en la memoria musical española. Pero lo verdaderamente importante aquí es otra cosa: **fue una cantante de heavy metal cuando aquella combinación todavía resultaba poco habitual en nuestro país**.
Barcelona volvería a aportar nombres como **Joana Amaro**, vinculada al rock duro y al heavy desde mediados de los 80, y **Lupe Villar**, guitarrista de Sangtraït. Esta última resulta especialmente interesante porque rompe con otra idea recurrente: la mujer dentro del metal no estaba obligatoriamente delante del micrófono. También estaba detrás de los instrumentos.
Y esa diferencia importa.
Porque hablar de mujeres en el metal no debería convertirse en hablar exclusivamente de vocalistas.
Euskadi: Pléyade y una historia que merece ser recuperada
Si hay una historia que merece un capítulo propio dentro de esta primera parte es la de **Pléyade**.
En 1984, en Vitoria-Gasteiz, aparecía una formación que acabaría convirtiéndose en una de las primeras bandas íntegramente femeninas vinculadas al heavy metal y al hard rock en España. La banda comenzó moviéndose en terrenos de heavy y posteriormente evolucionó hacia el hard rock melódico y el AOR.
Por Pléyade pasaron **Marta Aldama, Mentxu Herreros, Rosa Soleto, Eva Muñoz, Ana Elguea y Susana Díaz de Durana**, entre otras integrantes de sus diferentes etapas. Todas ellas formaron parte de una escena gasteiztarra especialmente activa durante aquellos años.
Y aquí está una de las imágenes que más me interesa conservar de aquella época: un grupo de mujeres jóvenes entrando en un circuito musical que no estaba preparado para recibirlas como algo normal.
No estaban allí para acompañar a nadie.
**Eran la banda.**
Y mientras Pléyade hacía su camino en Vitoria-Gasteiz, en Bizkaia encontramos a **Mari Luz González Tudanca, Marilu**, vinculada a Neurosis y posteriormente a Hades y War, entre otros proyectos. Su trayectoria es otro ejemplo de continuidad dentro de una escena que muchas veces ha quedado reducida a los nombres masculinos que terminaron ocupando los grandes titulares.
Marilu es, además, uno de esos nombres que demuestran que la historia no se reduce a una única banda o a una única fotografía. Hay mujeres que permanecieron dentro de la escena, pasando de un proyecto a otro y manteniendo encendida aquella llama durante años.
Navarra: Belladona y Aurora Beltrán
Y si hablamos de Euskal Herria es imposible no detenernos en Navarra.
**Belladona** representa otra de esas historias que hoy deberían formar parte del relato habitual del rock estatal. Entre sus integrantes encontramos a **Aurora Beltrán**, que comenzó allí como guitarrista antes de construir posteriormente su trayectoria al frente de Tahúres Zurdos.
La importancia de Aurora no está únicamente en la enorme carrera que desarrollaría después. Está también en recordar que antes de convertirse en una de las figuras más reconocibles del rock estatal **ya estaba subida a un escenario con una guitarra entre las manos**.
Y eso es importante para esta historia.
Porque una mujer con una guitarra eléctrica no debería ser una imagen excepcional.
Pero durante demasiado tiempo lo fue.
Y también hubo metal lejos de los grandes centros
Uno de los aspectos más interesantes de recuperar estas historias es comprobar que el fenómeno no se limitó a Madrid, Barcelona o Euskadi.
Desde Galicia encontramos a **Ángeles Lago**, vocalista de Crazy Cabuxa, vinculada al rock duro y al heavy metal desde finales de los 80. Desde Castilla y León aparece **Daría Ras**, vinculada a Frío. Desde La Rioja encontramos a **Pili Martínez**, vocalista de Amnesia. Y desde Andalucía aparece **Yoly Aragón**, vinculada a Caín.
Son nombres que posiblemente no aparezcan en las conversaciones habituales cuando se habla de la historia del heavy estatal.
Y precisamente por eso tienen que estar aquí.
No todas tuvieron una carrera discográfica extensa. No todas llegaron a grandes escenarios. Algunas dejaron maquetas, singles o grabaciones que hoy sobreviven como auténticas piezas de arqueología musical. Otras simplemente desaparecieron del circuito y regresaron a una vida alejada de los focos.
Pero todas forman parte del mismo relato.
No eran «mujeres del metal». Eran músicas.
Quizá esa sea la primera idea que deberíamos desterrar.
Cuando hablamos de estas pioneras tendemos a colocarlas inmediatamente bajo la etiqueta de «mujeres en el metal», como si su condición femenina fuese lo más importante de aquello que hicieron.
No lo era.
Eran cantantes.
Guitarristas.
Bajistas.
Baterías.
Teclistas.
Compositoras.
Y eran músicas que querían tocar heavy metal, hard rock, rock progresivo o cualquier otra cosa que les diese la gana.
Que fueran mujeres hizo que su camino fuera más complicado. En una sociedad que todavía estaba dejando atrás la dictadura, dentro de una escena musical que arrastraba sus propios prejuicios y en un género que frecuentemente era señalado como violento, marginal o machista, ellas tuvieron que abrirse paso por varios frentes a la vez. El propio proyecto *Ellas son eléctricas* nació precisamente para recuperar esa memoria y poner nombres y rostros a una historia que había quedado enterrada bajo décadas de olvido.
Pero tampoco conviene convertir sus historias en una sucesión de obstáculos.
Porque hay otra lectura mucho más poderosa.
**Estaban tocando.**
Mientras otros discutían si aquel género era cultura, ruido, moda o una amenaza para las buenas costumbres, ellas estaban en los locales, ensayando, grabando maquetas, preparando conciertos y compartiendo escenarios.
Y algunas de aquellas fotografías, vistas hoy, tienen una fuerza enorme.
Una banda como Pléyade en Vitoria.
Evo en Barcelona.
Santa con Azuzena.
Lupe Villar con Sangtraït.
Marilu en la escena vizcaína.
Belladona en Navarra.
Son imágenes de una escena que existió y que durante demasiado tiempo se contó como si ellas no hubieran estado allí.
## La memoria también se fotografía
Por eso, para recuperar esta historia, no basta con hacer una lista de nombres.
Hay que recuperar las fotografías.
Las portadas.
Las maquetas.
Los carteles.
Las entradas.
Las cintas.
Los recortes de prensa.
Las imágenes de aquellos conciertos en salas pequeñas donde probablemente nadie imaginaba que, cuarenta años después, alguien estaría intentando reconstruir quiénes fueron aquellas músicas.
El proyecto *Ellas son eléctricas* ha sido fundamental precisamente en esa tarea de recuperación. Su investigación ha reunido a figuras como Shelly, Azucena, Carmen García, Joana Amaro, Marilu, Ángeles Lago, Lupe Villar, Gaby de Val, Leonor Marchesi, Yoly Aragón, Bet «Gàrgola» y otras protagonistas de aquella escena.
Y ese listado nos deja una conclusión incómoda.
No es que no hubiera mujeres en el heavy metal estatal.
**Es que durante demasiado tiempo no supimos recordar sus nombres.**
Esta primera generación abrió puertas que probablemente ni siquiera sabía que estaba abriendo. Algunas continuaron, otras desaparecieron y otras cambiaron de escenario, de género o de vida.
Pero dejaron algo detrás.
Una guitarra enchufada.
Una voz.
Una maqueta.
Un disco.
Un concierto.
Una fotografía.
Un camino.
Y por ese camino llegarían después muchas otras.
Porque la historia de las mujeres en el metal estatal no empieza ahora.
**Empieza mucho antes de que nosotros empezáramos a mirar.**
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