ReportajeMujeres en el metal estatal I
HUBO UN TIEMPO EN EL QUE EL HEAVY METAL ESTATAL PARECÍA TENER UN ÚNICO ROSTRO. Guitarras, amplificadores, cuero, tachuelas y escenarios ocupados casi siempre por hombres. Pero mientras la escena crecía en los locales, en los barrios y en los primeros grandes festivales, hubo mujeres que se colgaron una guitarra, se colocaron detrás de un micrófono, agarraron un bajo o se sentaron frente a una batería y decidieron que aquel también era su lugar.
Algunas llegaron desde el rock, el progresivo o la psicodelia. Otras entraron directamente en el heavy y el hard rock. Algunas consiguieron discos, escenarios y reconocimiento; otras dejaron apenas una maqueta, un single o el recuerdo de quienes estuvieron allí. Muchas desaparecieron de la memoria colectiva demasiado pronto.
Esta es la historia de algunas de ellas. De Azuzena y Santa, de Pléyade, de Evo, de Belladona, de Marilu, de Lupe Villar, de Joana Amaro, de Ángeles Lago y de tantas otras que hicieron ruido cuando todavía había quien pensaba que una mujer sobre un escenario de metal era una excepción.
No llegaron después.
Ellas ya estaban allí.